8-12-05
Los silencios en la prevención del
sida
Análisis del último informe de ONUSIDA titulado
"Detener el sida. Mantener la promesa", y se demuestra como ONUSIDA
no mantiene promesas y silencia lo que le interesa.
En foto Peter Piot Director de Onusida
Aceprensa. Firmante: Jokin de Irala
El informe ONUSIDA de 2005 confirma que el incremento mundial del sida sigue su
curso devastador. Algunas cuestiones me han llamado la atención en relación con
este informe.
"Detener el sida. Mantener la promesa" es el lema que se escogió para
la campaña mundial 2005 de lucha contra el sida. "Mantener la
promesa" se refiere a la necesidad de cumplir con todos los puntos que se
acordaron en la Declaración de Compromiso sobre el VIH/SIDA firmada en junio de
2001 por la Asamblea General de las Naciones Unidas (www.un.org/ga/aids). En el
documento preparatorio de esta campaña de 2005 se hace, de hecho, un resumen
del Compromiso. Curiosamente, su punto 52, que dice: "… animando al
comportamiento sexual responsable, incluyendo la abstinencia y la fidelidad; expandiendo
el acceso a productos esenciales, incluyendo los preservativos masculinos y
femeninos…", ha sido "resumido" de la siguiente manera: "…
animando al comportamiento sexual responsable, expandiendo el acceso a
preservativos masculinos y femeninos…" (www.unaids.org).
A pesar de que el Compromiso de 2001 afirmaba que la abstinencia y la fidelidad
deben formar parte de todo programa integral de prevención del SIDA, estas
palabras solamente figuran en 3 ó 4 ocasiones en el centenar de páginas del
informe ONUSIDA 2005 y se mencionan para señalar inconvenientes de su
aplicación en algunos países. Sin embargo, al referirse al éxito logrado, por
el retraso de la edad de inicio de las relaciones sexuales y por la reducción
del número de parejas sexuales, en el descenso del sida en Uganda o su vecina
Kenia, afirman que "en ambos países, es probable que los cambios
comportamentales hayan
contribuido a estas tendencias". Dejando al lector con la duda sobre de
qué "cambio del comportamiento" estamos hablando exactamente.
De hecho, se comprueba que los casos de VIH/SIDA no suelen disminuir a menos
que se hayan adoptado también los comportamientos "A" (retraso del
inicio de relaciones sexuales) y "B" (fidelidad) de la estrategia
"ABC" de prevención del SIDA.
Me llama la atención que entre sus aproximadamente 300 citas bibliográficas no
se haya considerado pertinente citar a ninguno de los autores como Green,
Low-Beer, Stoneburner o Hearst que han publicado estudios recientes sobre la
eficacia de los componentes "A" y "B" de la estrategia
"ABC" de prevención de SIDA o estudios cuestionando la eficacia
global de las campañas centradas únicamente en los preservativos. Tampoco se
hace ninguna mención al consenso internacional publicado en "The
Lancet" en 2004 sobre la estrategia "ABC" de prevención del sida
(Halperin, 2004).
Para ser realistas
Las campañas publicitarias que se han llevado a cabo en España (como la de
2004: "por ti y por todos, úsalo"), que asumen la promiscuidad sin
decir nada en contra, son un ejemplo de medida preventiva no integral. Según
datos oficiales, la mayoría de los españoles desconoce que evitar la
promiscuidad es crucial para evitar el sida. Desde el punto de vista científico
y de la eficacia de la Salud Pública es un error, o un prejuicio, no hacer
campañas claras y contundentes desaconsejando la promiscuidad por miedo a ser
"moralizantes". Tampoco parecía "realista", aparentemente,
plantear programas de educación sanitaria para prevenir el tabaquismo hace años
cuando, en muchos grupos de edad, más del 75% de la población fumaba.
En salud pública se pueden dar recomendaciones utilizando canales poblacionales
o canales personales cuando los primeros pudieran favorecer efectos
indeseables. Por ejemplo, a pesar de haberse encontrado evidencias científicas
de que el consumo moderado de alcohol es beneficioso para algunos varones, se
recomienda no anunciar a la población que "el alcohol es bueno para la
salud" porque podríamos asistir a problemas colaterales debido a su
consumo inadecuado o abusivo, como un aumento de los accidentes de tráfico en
jóvenes, del alcoholismo o de cirrosis. Por el contrario, se recomienda que su
efecto beneficioso se transmita mediante un canal de comunicación personal, del
profesional sanitario al paciente concreto.
En el caso del sida asistimos al fenómeno curioso de que se está dando el mismo
mensaje a la persona que comercia con el sexo o al usuario de drogas que al
joven de 13 años que no ha tenido todavía relaciones sexuales. La falsa idea de
seguridad y la sensación de invulnerabilidad propia de la juventud incitan a
muchos a dejar la "evitación del riesgo" poniéndose "a
riesgo" de infectarse. Evidentemente, cuando se plantea este enfoque no es
suficiente con incluirlo en documentos oficiales para dar la impresión de ser
respetuosamente pluralista y más "integral".
Tampoco tiene sentido aceptar la idea en público pero afirmando que en la
práctica "no es una opción realista". Se trata de que los
instrumentos y recursos de la salud pública, de la educación sanitaria, de la
publicidad y de los programas educativos hagan el esfuerzo real de transmitir
este mensaje sin prejuicios ideológicos y de manera eficaz a la población de
jóvenes que se beneficiarían más de la "evitación" del riesgo que de
la "reducción" del riesgo.
Parece que existe un autentico prejuicio o "pánico" en pronunciar las
palabras "retraso del inicio de relaciones sexuales" o
"fidelidad". Se intenta camuflar sus logros y se evita hacer un
esfuerzo real para aplicarlos en la práctica. Probablemente no consigamos
revertir la pandemia de sida hasta que la abstinencia y la fidelidad formen
genuinamente parte de todos los programas llamados "integrales" de
prevención del sida.
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El autor es doctor en Medicina y en Salud Pública, y profesor de la Universidad
de Navarra. Una versión más amplia de este artículo apareció en "Diario de
Navarra" (1-12-2005).